24 Ene “Sí a ser, y a ser libres”
En memoria de Chus Escalona, primera trabajadora social de Pioneros
Emiliano Navas Sánchez
Amigo de Chus
Corría el año 1989 cuando conocimos a Chus en Pioneros. Acababa de estudiar Trabajo Social, y en el equipo de Pioneros ya intuíamos la necesidad de apoyar a las familias en riesgo de exclusión e intentar modificar las situaciones que afectaban a los hijos e hijas. Esto dicho así, parece algo fácil, pero no fue así. La asociación Pioneros desde un inicio apostó por desarrollar un modelo de apoyo confidencial al niño y a lo largo de los años, desde 1968, desarrolló una pedagogía educador/educando centrada en esa relación personal basada en tres conceptos: la amistad, la libertad y la lucha. La intervención en el medio familiar quedaba muy alejada, e imposible, para la estructura pedagógica del momento. Pero conocimos a Chus y nos pareció muy acertado mostrarle nuestra filosofía y ampliar el campo de intervención a las familias de los chavales con dificultades psicosociales.
Así, en octubre de 1989 se creó el departamento de trabajo social y, con el tiempo, fue el origen en 1991 del equipo interdisciplinar formado por ella misma, Emiliano Navas (psicólogo) y Pedro Vallés (educador coordinador). Chus tuvo que crear una forma de aplicar su formación de trabajo social, ganarse la confianza de los educadores y, cómo no, iniciar un acercamiento progresivo a las familias de los chavales que participaban en los programas de Pioneros. Ya entendíamos en aquellos años que éramos parte de una incipiente Red de Servicios Sociales, aunque pésimamente retribuidos, pero muy valorados porque detectábamos problemas y sabíamos intervenir, y veíamos que los problemas psicosociales de la infancia y de las familias había que tratarlos desde una perspectiva global.
Fue una trabajadora social a pie de calle, implicada al lado de las familias, esa era la marca de la casa… De esos días recuerdo varias anécdotas: cansada de entrevistar frente a frente a las madres, en una mesa de formica, nos propuso darle un nuevo aire a su despacho, me dijo que necesitaba una mesa camilla, con faldas, redonda, para hablar con ellas y hacer las entrevistas… Y como le gustaba el café, no vendría mal una infusión para mitigar el amargor de las situaciones…
Casi todo era nuevo para ella, pero su actitud vital, la empatía que siempre mostró y su capacidad de observación hicieron que la institución Pioneros desarrollase nuevos horizontes. Creo que todos los compañeros que hemos coincidido allí hemos desarrollado, por la propia metodología de trabajo, una gran habilidad que consiste en saber hacer fácil lo difícil. Tengo varios recuerdos… los educadores y Chus estábamos muy sensibilizados con la prevención del maltrato infantil, con la prevención de las negligencias parentales, y con la identificación del maltrato institucional. Asistimos a varias formaciones al respecto, éramos fieles seguidores de los psicólogos Joaquín de Paul Ochotorena, de James Garbarino y si teníamos posibilidad, y dinero, nos acercábamos a sus formaciones. Nos fascinaba, a Chus y a mí, transmitir a los compañeros educadores lo que encontrábamos en esos libros acerca de los indicadores del maltrato infantil, el uso de escalas de observación, definir los conceptos. Tomamos conciencia de las situaciones de peligro en que vivían los niños y que eso se llamaba maltrato, y había que establecer nuevas estrategias dando la voz de alarma a la red apoltronada de Servicios Sociales. Ese era nuestro trabajo desde la prevención… Y así lo manifestábamos en las memorias presentadas a la Dirección General de Bienestar Social que están archivadas en la sede.
Y recuerdo que llevando a la práctica la premisa anterior, siempre deseábamos darle herramientas al niño o niña para superar sus graves dificultades. Si los padres no preparaban el desayuno (negligencia), una estrategia “fácil” era saber elegir, con algo de dinero, los productos que tú, niño, puedes comprar en el súper, y prepararte el desayuno.
Durante los años 1990 y 1991 desarrollamos una intensa labor de investigación para conocer la realidad psicosocial de los niños que participaban en los programas de Pioneros y así obtener datos concretos para la intervención educativa, prevenir problemas psicosociales a corto y medio plazo y, al mismo tiempo, exigir a las administraciones locales los cambios oportunos. Es decir, mostrar a la sociedad, y a los mandatarios, datos científicos de lo que para nosotros era una realidad cotidiana, y plantear estrategias desde la Educación Social. El trabajo fue realizado por iniciativa propia, a nuestra costa, y se concluyó en septiembre de 1992. El Instituto de Estudios Riojanos, con la rapidez que le caracteriza, lo publicó tres años más tarde, en 1995, en formato libro con el título La infancia ignorada. Chus es una de las autoras, junto a Pedro Vallés, Otilia Vallespí y Emiliano Navas. Como la vorágine del trabajo nos quitaba la atención debida a este estudio, decidimos que para finalizarlo y redactar los contenidos debíamos aislarnos durante algunos días y así fue como iniciamos nuestra vida monacal de autores… una temporada en el monasterio de clausura de Tulebras, y otra en el monasterio de la Oliva.
Chus tenía una gran capacidad de observación, era intuitiva y le motivaba explorar nuevos caminos para su vida y para el desarrollo de las personas. Desde 1995 introdujo cambios en sus intervenciones individuales para potenciar el desarrollo personal de las madres de los niños/as que participaban en los programas de Pioneros, potenciando su conciencia de mujer y madre. Estaba germinando la idea de grupos de autoayuda de mujeres, y como era algo novedoso en Logroño decidimos buscar referencias asociativas y bibliográficas sobre ello. Fuimos a Madrid, nos entrevistamos con varias asociaciones del Pozo del Tío Raimundo, buscamos bibliografía en el Instituto de la Mujer, y volvimos a Logroño… Y, efectivamente, Chus inició un movimiento asociativo en el Casco Antiguo y en el barrio de San Antonio-Pozo Cubillas, tomando forma legal en 1997 como asociación de Mujeres Casiopea. Recuerdo que una de las actividades que organizaba con ellas eran viajes a diversas ciudades, conduciendo la furgoneta de Pioneros, pues le gustaba conducir. Así, participó en numerosos campamentos, aunque esa actividad, en Pioneros, tenía otro significado más profundo porque así lo diseñábamos, hoy podemos decir que eran viajes experienciales donde el niño, o la madre, seguían aprendiendo y descubriendo el mundo. Recuerdo dos experiencias que impactaron enormemente en los chavales y fueron el viaje a Cuzco, acogidos por la asociación de niños de la calle Qosqo Maki, y el realizado en furgoneta con el grupo de José Antonio Moreno (Josean) del Casco Antiguo, junto a Pedro Vallés, al campo de exterminio de Auschwitz. De todo ello, en el archivo, hay fotografías con la programación y justificación al respecto.
En la sede de Pioneros de la calle Capitán Gallarza teníamos colgado un gran cuadro con una serigrafía del pintor español José Ortega: era una lámina de la obra titulada Decálogo para la Democracia, del año 1976. Resulta que la carpeta con las 10 láminas originales la encontramos junto a un contenedor de basura en la Avenida de Colón, allá por los años 80. Parece ser que eran años de “reciclaje” ideológico y junto a la carpeta encontramos varios libros de sociología marxista y porrones con forma de pene… Causó asombro entre los compañeros encontrar una obra de arte original despreciada en la basura, y decidimos enmarcar la pintura que expresaba la idea “Sí a ser, y a ser libres”. Nos gustaba tanto esa lámina que le pedimos dos copias a una amiga común artista, Valle Camacho, una para Chus y otra para mí. Creo que esa idea primigenia, democrática y vitalista reflejaba la idiosincrasia de nuestra amiga Chus Escalona, que falleció el 14 de enero de 2025.